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María Cristina Saborido - Red de Observadores
laicismo.org 14 marzo 20134
nodo50 15 marzo 2013

Yo te contesto Bergoglio

Viernes 15 de marzo de 2013, por Redacción

Carta de María Cristina Saborido, Profesora exdetenida desaparecida en Pozo de Banfield/Quilmes en julio de 1977 durante la dictadura argentina, al nuevo Papa de la iglesia católica: El nuevo traje blanco de Jorge Mario Bergoglio no va a borrar su sucio pasado cómplice de los militares genocidas. ¡Ni olvido ni perdón!

Tal vez porque después de tanto tiempo puedo tomar distancia.

Tal vez porque después de tanto tiempo ya no siento que se subleva mi corazón y se enloquece la vena de mi garganta ante tanta desfachatez de parte tuya y de los curas que te acompañan.

Tal vez porque los años pasaron para vos y para mí y al pasar me dejaron esa desolada sensación que es extrañar.

Yo te contesto.

Y le contesto a ese solapado intento de trazar los caminos que al parecer debemos caminar para salvar el alma y vivir en un país en el que reine la concordia a partir de perdonarnos o tal vez reconciliarnos.

Despojado de la humildad que debieras mostrar por tener el culo sucio de reconciliación has hablado.

Y te planteo, ¿reconciliarnos? ¿Con quién o con quiénes?

¿Con los que comulgaban de día y asesinaban de noche?

¿Con los que nos pasaban sus sucias manos por los pechos y pezones mientras con sus lenguas nos baboseaban estando atadas y sin poder defendernos?

¿Con los que robaban los hijos de las que parían para entregarlos a familias de milicos?

¿Con los que se burlaban de nuestras madres y las llamaban locas?

¿Con los que nos estrellaban las cabezas contra las rejas de las celdas para gozar sádicamente con los lamentos y los gritos de dolor que el hierro rompiéndonos la carne producía en nuestros cuerpos?

Te has atrevido a sermonear teniendo el alma oscura y el culo sucio.

Y al hacerlo lo has hecho desde la impudicia de la inmoralidad que debiera hacerte guardar un silencio recoleto.

Porque debieras responder con el silencio al silencio que producen en mi alma la muerte de tantos compañeros que no aparecen.

30.000 compañeros no volvieron, 30.000 silencios en el silencio de ese horror que fue que la Iglesia delatara y entregara a los corderos a la muerte.

¿Por qué hablas ahora y no lo hiciste entonces?

Pudiste hacerlo... otros lo hicieron.

Vestían la sotana y andaban por las villas. Fueron mis compañeros.

No regresaron...

Desde este extrañar que se hizo costumbre en cada día de mis días.

Desde este llorar por las noches a escondidas.

Desde este sentir que algún día volveré a abrazarme en un abrazo con tantos compañeros que se fueron.

Desde esta convicción de saber que la Iglesia fue una mierda delatora que entregaba y señalaba.

Desde este sentimiento de resistir a tanto inmoral vestido con sotana que cree que el discurso y las palabras han de acallar los gritos que duermen en mi alma.

¡YO TE CONTESTO BERGOGLIO!

Y lo hago convencida que hay otros como yo que sienten lo que siento.

Teniendo el culo sucio, teniendo el alma oscura y habiendo pactado con el diablo no podés venir a hablar cuando callaste.

Silencio recoleto, mea culpa y muchas oraciones que tal vez perdonen tus pecados

Porque yo, que soy sobreviviente, no te perdono.

Tampoco olvido.

Y menos aún me reconcilio.

Noticias relacionadas para mejor comprensión de la carta

Jorge Mario Cardenal Bergoglio S.J. (nacido en Buenos Aires, Argentina el 17 de diciembre de 1936), es el actual arzobispo de Buenos Aires. Es uno de los 183 cardenales de la Iglesia Católica, miembro de la Compañía de Jesús. Bergoglio fue designado arzobispo de Buenos Aires el 28 de febrero de 1998 y el papa Juan Pablo II lo elevó a cardenal en 2001. Además se constituyó en el Primado de la República Argentina, resultando así el superior jerárquico de la Iglesia Católica de este país. Bergoglio, de ideología fundamentalista y reaccionaria entre los miembros de la jerarquía católica, desde su cargo entonces como Provincial de la Orden de los Jesuitas, nunca se opuso a la terrible dictadura de Videla y nunca elevó ninguna protesta ni denunció los crímenes, las torturas, las desapariciones, ni las crueldades brutales de dicha tiranía. Por el contrario, según testimonios fiables, colaboró con los criminales militares de la dictadura:

* La opinión pública permanece indignada por el compromiso gravísimo de ciertos miembros del clero, como el cardenal Jorge Bergoglio de Buenos Aires, con la dictadura y los verdugos (Panorama Católico Internacional)

* El sacerdote católico Rubén Capitano, en el juicio que condenó a Von Wernich, planteó que "la Iglesia no mató, pero no salvó" y, concluyó su alegato diciendo: "debimos estar al lado de los crucificados y no tan cerca de los crucificadores".

* El cardenal Bergoglio no tuvo reparo en sostener públicamente que “la Iglesia fue, es y será perseguida”. Semejante escalada de hipocresía no puede ocultar la colaboración que prestó la Iglesia a la dictadura. Las atrocidades cometidas por las autoridades del Episcopado argentino estuvieron en concordancia con la política del Vaticano, quien legitimó los crímenes de la dictadura en el plano internacional difundiendo el célebre slogan de Videla: “Los argentinos somos derechos y humanos”. (Asociación Laica de Argentina)

* Sin embargo, Verbitsky en su libro reproduce documentos según los cuales Bergoglio envió un informe sobre los presuntos "contactos guerrilleros" de uno de los sacerdotes que fue secuestrado y posteriormente expulsado del país.

* La Iglesia argentina también le vendió a la Armada una isla ubicada en el delta de Buenos Aires, a 40 kilómetros de Buenos Aires, que fue utilizada como campo de concentración clandestino. La isla perteneció al Arzobispado de Buenos Aires, que la bautizó "El silencio", y la Armada la utilizó para esconder a decenas de presos políticos, cuando la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) realizó en 1979 una inspección al país. (La Nación, 27 de febrero de 2005)

LAS MANOS ENSANGRENTADAS DE LA IGLESIA ARGENTINA

Entrevista con Horacio Verbitsky

Con su más flamante libro, "El Silencio", el periodista Horacio Verbitsky se reafirma en su decisión de arrojar luz sobre quién fue qué durante la dictadura última. En él denuncia la complicidad del Vaticano y del grueso de la jerarquía de la Iglesia Católica Argentina con la dictadura militar y con sus métodos represores en aquellos tiempos de tortura y muerte. Es un libro que desmaleza la hipocresía de una jerarquía eclesiástica de manos no manchadas, sino cubiertas de sangre. Sangre que aún reclama justicia.

* El método que aplicó la dictadura para reprimir, ¿había sido consultado previamente con la jerarquía de la Iglesia Católica argentina?

Sí. Hay muchos testimonios que lo dicen. El almirante Mendía, en reunión con los pilotos de la marina, explicó cómo debía instrumentarse la operación de tirar gente al mar. En esa reunión dice que es un método aprobado por la jerarquía eclesiástica, porque era una forma cristiana de muerte. Esto lo cuenta Scilingo ...

* ¿La complicidad con la dictadura del hoy cardenal Bergoglio y del entonces monseñor Emilio Grasselli, es la mayor expresión de un vínculo de esa naturaleza entre dignatarios de la Iglesia Católica y la dictadura?

Sí en lo que hace a la isla "El Silencio" (lugar de recreo del Arzobispado de Buenos Aires cedido a la marina para campo de concentración). Pero en un sentido más amplio, no ... Un ejemplo de complicidad con los métodos en que se reprimió se dio en el Tercer Cuerpo del Ejército con comando en Córdoba. Ahí, los capellanes militares participaron en interrogatorios a detenidos y les decían, a modo de bálsamo, que el cardenal Primatesta había negociado con el general Benjamín Menéndez que se torturara sólo 48 horas y no más ... ya que "más de 48 horas es vicio", que esas 48 horas eran más que suficientes para obtener información.

* En el libro aparece un dato que, al menos para mí, era desconocido: en la noche del 23 de marzo, Videla, Massera y Agosti van al Vicariato Castrense a informar a monseñor Tortolo del inicio del golpe. ¿Es un hecho que se conoce recién ahora?

No sé. Videla y Agosti son de Mercedes y ahí habían conocido a Tortolo como cura párroco. Eran amigos de él. Lo interesante es cómo trasciende ese dato y en qué marco: fueron familiares del entonces provicario castrense, monseñor Bonamín, los que los vieron en el lugar, en la noche del 23. Un sobrino nieto de Bonamín, Luis, de 21 años, había sido secuestrado por la policía rosarina y asesinado. Su esposa, María Teresa Butticce de Bonamín, miembro de la JUP, corría peligro, había que sacarla del país y monseñor Bonamín podía ayudar en el trámite de los papeles ... El padre de Luis fue el 23 a verlo al Vicariato y ahí se encontró con Videla, Agosti, Massera ... Bonamín recibió al padre de Luis, era tío de él. Le preguntó sobre la militancia de Luis y remató con un frío: "El se lo buscó".

* Vale una única lectura: monseñor Bonamín avaló el secuestro y asesinato.

Así es.

* Leída desde lo psicológico, la conducta de monseñor Grasselli en la relación que mantiene con familiares de gente secuestrada está signada por la perversidad. En el libro aparece como un burócrata del circuito informativo de tortura y muerte. ¿Hay pulsión a la muerte en Grasselli?

¡Por supuesto ...! El papel de Grasselli es terrible. Madres, padres, hermanos van a verlo. El les da esperanzas, les dice que se ocupará del caso, que vuelvan la semana siguiente y cuando vuelven, les muestra las listas de la gente secuestrada, detenida ... y les dice que si algún nombre tiene una rayita, bueno, no había nada que hacer ... "Lo mataron","lo fusilaron". ¡Sabía todo, su fuente era el poder militar del cual era cómplice ...! Además, era un monseñor armado: andaba con la pistola bajo la sotana. Yo no escribí nada que no pueda probar, mi libro abunda en fuentes, testimonios, etc.

* ¿Qué dijo Grasselli cuando lo entrevistó para el libro?

Se hizo el tonto ... sólo admite lo que no puede negar. Cuando le pregunté sobre la isla "El Silencio" a la cual llevaron prisioneros de la ESMA, se hizo el tonto, negaba todo, mezclaba épocas, recuerdos, actores. Todo un método deliberado en función de diluir su papel. Luego habló de "unos amigos míos" que querían comprar una isla. Pero recién cuando vio que yo tenía la escritura de la isla con su firma, confesó que él era uno de los socios propietarios de la isla. Grasselli es un "operativo" más en el sistema represivo, como lo fue todo el Vicariato Castrense. Insisto: está todo documentado.

* ¿Y que dijo el cardenal Bergoglio?

Es un hombre muy culto y tuve buena relación con él, incluso en el libro agradezco su colaboración para conmigo. Pero Bergoglio tuvo la desgracia de que yo encontrara en la Cancillería la documentación que lo implica directamente con la represión en términos de complicidad terminante. Palmeaba a los sacerdotes con fuerte trabajo social y luego los denunciaba como subversivos ante los militares. ¡No inventé nada! ... ¡Lo dicen los propios documentos oficiales de la dictadura!

* ¿Es posible que hoy, en el Obispado Castrense, haya todavía sacerdotes que colaboraron con la represión?

Bueno, está el caso de monseñor Sancheta. En el ’76 era uno de los capellanes de la ESMA, que con parábolas bíblicas, como las que hoy usa el vicario castrense monseñor Baseotto, confortaba a los marinos que volvían de tirar gente al mar y tenían problemas de conciencia. Les decía que había que separar la paja del trigo, cosa que además, para la ocasión, era una parábola bíblica mal leída, ya que la separación de la paja y el trigo ocurre el día final, el día del juicio ... No ocurre en esta vida y no está en manos del hombre hacerlo, al menos según los Evangelios.

* ¿El Evangelio puesto al servicio de la represión?

Ni más ni menos, en manos de Sancheta, por tomar su caso nada más. El Evangelio es un instrumento maleable que puede servir para avalar el secuestro, la tortura, el asesinato.

* ¿Este colaboracionismo con la represión habrá dejado rastros en los archivos del Vicariato Castrense? La Iglesia Católica es muy burocrática, guarda todo.

Desde el CELS, le pedimos a la Conferencia Episcopal Argentina acceso a esos archivos. La respuesta fue que la única información que tenían era un librito publicado por ellos en 1984, que contiene los documentos de la Iglesia Católica sobre los derechos humanos. Mintieron. Tienen más información, pero no la quieren suministrar para que no se siga desentrañando la complicidad con la represión.

Sí, pero el Departamento de Estado desclasifica documentos de aquel tiempo y los deja en falsa escuadra ¿O no?

Bueno, esa desclasificación que hace Estados Unidos fue muy elocuente en términos de dimensionar la complicidad, el silencio del grueso de los sacerdotes y jerarquías de la Iglesia Católica con la represión. Ahí, por caso, aparece la confesión que le hace el Nuncio Pío Laghi a Patricia Derian (secretaria de Derechos Humanos de la administración Carter). Le dice: "Sabemos perfectamente todo lo que está pasando en todo el país (en materia represiva) porque tenemos 6.000 sacerdotes distribuidos en todo el territorio y tenemos capellanes en todas las unidades militares", o sea: la Iglesia sabía todo. ¿Dónde está toda esa información? ¿Qué pretende el Episcopado, hacernos creer que no guardaron, no sistematizaron o no se qué toda esa información? Es tomarnos por estúpidos. De todas maneras, el documento del año ’84 resulta interesante.

* ¿Qué eran de cara a tanta complicidad las voces de los obispos De Nevares, Hesayne, Zaspe, Novak?

Algo que había que condicionar. Ellos hicieron todo lo que pudieron para denunciar lo que estaba sucediendo en materia de violaciones a los derechos humanos, pero a la hora de reunirse el Episcopado, estaban en minoría. Ya en las primeras reuniones del Episcopado tras el golpe, muchos obispos confiesan lo que está pasando en sus Diócesis, pero se terminaba votando y se decidía no hacer público nada de lo que pasaba...

* Pero cuando uno explora la relación Iglesia-dictadura, puede deducir que la complicidad también se extiende a Paulo VI, el Papa de los dos primeros años del golpe. ¿Es una inferencia aventurada?

¡No, no, para nada! En realidad, cuando el primer embajador de la dictadura ante el Vaticano, Rubén Blanco, presenta sus credenciales a Paulo VI, éste le dice claramente que en Argentina habían ocurrido hechos muy graves y que estaba pendiente una explicación por parte del gobierno militar. Los hechos se referían, caso concreto, al asesinato por parte de los militares de cinco sacerdotes palotinos. Lo que dice Paulo VI no es una gran condena sobre la represión, pero es suficiente como para que la dictadura se preocupe porque es mucho más de lo que venía diciendo la Iglesia argentina sobre el tema. A partir de ahí, durante un año, el Vaticano pide explicaciones y la dictadura contesta tonterías, que se está investigando, "vamos a llegar al fondo", en fin, convencionalismos.

Pero en ningún momento ni el Vaticano ni la Iglesia argentina ponen sobre la mesa la verdad, la realidad que sabían: que tanto el asesinato de los palotinos como los secuestros, desapariciones, torturas, asesinatos, los cometía la dictadura ... De eso no hablan. Pero en el 77, Massera va a Roma, donde ya le habían gestionado una entrevista con Paulo VI y la plana mayor de el Vaticano. Massera, que sabía del débito de la dictadura en explicaciones sobre la represión, empieza la audiencia reconociendo esa deuda "sobre cosas graves que no hemos sido capaces de esclarecer".

* No asume responsabilidades, sino la culpa por no esclarecer.

Claro, un método fácil. Pero lo sorprendente es la respuesta que le da el papa Paulo VI, que lo interrumpe a Massera y le dice: "No se preocupe, almirante, para la Iglesia ese tema está terminado", o sea le pone losa a la preocupación del Vaticano por la violación de los derechos humanos en Argentina, preocupación no muy pronunciada, por supuesto. Además, Paulo VI le transmite la bendición para la junta militar y a través del presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, el cardenal Primatesta, el Vaticano hace saber a la dictadura de la "fascinación" que sentía Paulo VI por la personalidad del almirante Massera. Ese documento del Vaticano está en la Cancillería argentina. Se puede consultar.

* ¿Paulo VI cómplice de la dictadura?

¿Que otra conclusión se puede extraer? A Paulo VI le asesinaban sacerdotes y él bendecía a los asesinos, complicidad que se extiende en el tiempo. Juan Pablo II no hizo nada por exigir que se investigara los asesinatos de los palotinos, monseñor Angellelli, y etc ... Y eso que Juan Pablo II asume en plena dictadura.

Carlos Torrengo: Rio Negro On Line

Mundo Laico

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Vaticano desmiente silencio del Papa en dictadura argentina, teleSUR

(16 de marzo de 2013)