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Carlos Fazio, Rebelión, 13 agosto 2018
Misión Verdad, 14 agosto 2018

Maduro, Duque y el Plan Maestro: un paso más contra la soberanía de Venezuela
Motivos inmediatos para el magnicidio

Martes 14 de agosto de 2018, por Redacción

Carlos Fazio sintetiza la información disponible hasta el momento sobre el intento de magnicidio de la semana pasada en Caracas, negada y cuestionada —cuando no ridiculizada— por todos y cada uno de los altavoces mediáticos del capitalismo. A continuación, la interpretación que de tal acto de barbarie realiza Misión Verdad, los motivos económicos inmediatos y la actual urgencia de su ejecución para el imperio y sus epígonos locales y regionales: a la frustración acumulada tras los repetidos y fallidos intentos desestabilizadores, se uniría la posibilidad de darle vuelta al bloqueo económico y financiero. Para una comprensión más cabal de las razones y etapas del golpismo fascista en Venezuela, remitimos al análisis global y mantenido en el tiempo de Misión Verdad, cuyo enlace incluímos en el texto que transcribimos.

Maduro, Duque y el Plan Maestro

Carlos Fazio, Rebelión 13-08-2018

El 4 de agosto, durante una parada militar en Caracas, un grupo terrorista atentó con drones DJI M600 cargados de explosivos contra el presidente constitucional y legítimo de Venezuela, Nicolás Maduro, para intentar conseguir por la vía del magnicidio lo que la oposición de ultraderecha proestadunidense no ha podido conseguir en una veintena de elecciones ni tampoco a través del golpe de Estado de 2002 [1]; el sabotaje petrolero de 2002-2003 de la gerontocracia de PdVSA, Fedecámaras, la Confederación de Trabajadores de Venezuela, la Coordinadora Democrática, la jerarquía conservadora de la Iglesia católica y los medios hegemónicos cartelizados; las sanciones y la guerra económica, y la guerra no convencional del Comando Sur del Pentágono, desplegada en su última fase de 2015 a la fecha mediante campañas de intoxicación mediática, sabotajes y actos violentos, con apoyo de la Organización de Estados Americanos y los gobiernos cipayos del Grupo de Lima.

Uno de los drones usó como explosivo pólvora y pentrita (sustancia como la que causó la explosión del Boeing 747 de PanAm sobre Lockerbie, Escocia, en 1988, con saldo de 270 muertos) y el otro pólvora y C-4 (explosivo plástico de uso militar utilizado por agentes de la CIA para derribar la nave de Cubana de Aviación sobre Barbados, en 1976, donde murieron 73 personas, y en el asesinato de Orlando Letelier, el excanciller de Salvador Allende en Washington, ese mismo año; el favorito para las operaciones de bandera falsa de la red Gladio de la OTAN, y el que derribó la torre II de Pemex, en México, en 2013). Ambos drones fueron dirigidos a la avenida Bolívar con el fin de que uno explotara en la parte superior de la tarima presidencial y el otro en la zona frontal, para asegurar la muerte de Nicolás Maduro, su esposa Cilia Flores, miembros de su gabinete y los mandos de los institutos armados. Los equipos inhibidores de señales del anillo de seguridad presidencial hicieron que los drones se desorientaran y los explosivos detonaron fuera del perímetro planificado por los terroristas.

Los dos grupos operativos fueron detenidos el mismo día. Uno, integrado por el sargento retirado de la Guardia Nacional, Juan Carlos Monasterios, y Argenis Valero Ruiz, en flagrancia; el otro mientras huía hacia Colombia. Los frustrados magnicidas confesaron que recibieron entrenamiento en la finca Atalanta en el municipio de Chinácota, Norte de Santander, en Colombia; allí aprendieron a manejar drones. Se les ofreció pagar 50 millones de dólares y estadía en Estados Unidos.

De los audios de las conversaciones que los autores materiales mantuvieron entre sí mientras ejecutaban el atentado y posteriores declaraciones ministeriales de Juan Carlos Monasterios, jefe operativo del acto terrorista, se estableció que dos de los autores intelectuales fueron Rayder A. Russo, quien reside en Colombia y entrenó a los sicarios en la finca Atalanta, y Osmán Delgado Tabosky, financista venezolano que vive en Miami, Florida, quien advertido por sus cómplices que los drones habían perdido el control, detonó uno de manera remota a miles de kilómetros del lugar de los hechos. Monasterios, Russo y Delgado habían participado en el ataque al fuerte Paramacay en 2017, y eran buscados por la justicia venezolana.

El ex jefe de la Asamblea Nacional, Julio Borges, refugiado en Colombia desde febrero último, y su correligionario de Primero Justicia, Juan Requesens, detenido en Caracas, también participaron en la trama fallida. El gobierno de Venezuela giró el viernes una orden internacional de captura (“código rojo” de la Interpol) contra Delgado, Russo y Borges, implicado en el caso por Requesens y Monasterios. Maduro también acusó al coronel retirado Oswaldo Valentín García Palomo de ser el “jefe de los asesinos” y de intentar captar militares para derrocarlo.

Asimismo, el 6 de agosto, el presidente de Venezuela dijo tener “pruebas suficientes” de la complicidad en ese acto de barbarie del mandatario saliente de Colombia, Juan Manuel Santos, quien ha mantenido múltiples reuniones con Julio Borges. En vísperas de culminar su mandato Santos declaró “veo cerca la caída de Nicolás Maduro (…) ojalá mañana” (mismo terminara su gobierno de) “forma pacífica”.

El 9 de agosto, durante un encuentro a puerta cerrada en la Secretaría de Relaciones Exteriores de Bogotá, el nuevo canciller de Colombia, Carlos Holmes Trujillo, le expresó a Borges el “apoyo incondicional” del gobierno de Iván Duque para “rescatar la democracia y la legalidad en Venezuela”.

Señalado por sus adversarios como un “títere” del expresidente Álvaro Uribe −sindicado por sus vínculos con el paramilitarismo, el narcotráfico y acusado de genocidio−, Iván Duque ya tiene una estrategia para negociar con la administración Trump una dispensa para Colombia con los aranceles de importación del acero y el aluminio: tomar las riendas de la guerra encubierta del Pentágono contra Venezuela, desde la frontera colombiana.

A principios de julio, ya designado presidente electo, Duque corrió a recibir instrucciones en Washington del aparato de seguridad de la administración Trump. Allí se reunió con el vicepresidente Mike Pence, el secretario de Estado, Mike Pompeo, la directora de la Agencia Central de Inteligencia, Gina Haspel, el zar antidrogas James Carrol, y con el asesor de Seguridad Nacional, el superhalcón John Bolton.

Del encuentro con Pence, Duque sacó particular ventaja al aprovechar la preocupación del vicepresidente de EU sobre la “amenaza” que supone para Colombia la “dictadura” de Maduro, y solicitó apoyo estadunidense en materia militar, de inteligencia y seguridad. Y como dijo entonces el presidente colombiano entrante, el lenguaje común con EU “es el de los resultados” –verbigracia, el fin justifica los medios, lo que no lo exime de que en cualquier momento Trump le dé una patada en el trasero−, por lo que se puso a trabajar para que lleguen rápido: el 10 de agosto, tres días después de asumir el cargo con el alborozo de las estructuras paramilitares, anunció el retiro “irreversible” de Colombia de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur) y abogó por la aplicación de la Carta Democrática de la OEA contra Venezuela. Ya antes, había prometido llevar a Nicolás Maduro ante la Corte Penal Internacional, donde su patrón, Uribe, está acusado por crímenes de lesa humanidad, y esperan turno los mexicanos Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

Creada en 2008, la Unasur auspició el Consejo de Defensa Sudamericano, integrado por 12 países, que entre sus propósitos principales tuvo consolidar a Sudamérica como zona de paz y servir de contrapeso a los afanes intervencionistas del Pentágono en los ejércitos locales, con fines de alineamiento y adoctrinamiento. En ese contexto, en mayo de 2018, el “pacifista” Santos introdujo a Colombia como “socio global” de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, máximo exponente de las intervenciones militares, abiertas y encubiertas, después de la guerra fría. Con lo que Colombia, con siete bases militares de EU en su territorio, se convirtió en un peón del Comando Sur del Pentágono y la OTAN en el hemisferio.

Ahora, monitoreado por el embajador de EU en Bogotá, Kevin Whitaker −quien en 2014 patrocinó los intentos de golpes blandos guarimberos y magnicidas liderados por María Corina Machado−, Duque, continuador del “fascismo social” de Álvaro Uribe, aspira cumplir un papel relevante en el llamado “Golpe Maestro” diseñado por el jefe del Comando Sur, almirante Kurt Tidd, quien dijo que el gobierno bolivariano solo puede ser derrocado a través de una “operación militar bajo bandera internacional, patrocinada por la Conferencia de los Ejércitos Latinoamericanos, bajo la protección de la OEA y la supervisión, en el contexto legal y mediático del secretario general, Luis Almagro”. La fachada para imponer un bloqueo marítimo a Venezuela podría ser el eufemísticamente llamado ejercicio naval multinacional Unitas Lix - 2018, del que Colombia será anfitriona en septiembre próximo.

Es en ese contexto que desde junio pasado llegaron misiones de los “Cascos Blancos” de la Cancillería argentina a las poblaciones colombianas de Cúcuta y Maicao, fronterizas con Venezuela. No llegaron a atender a niños colombianos −en una región abandonada por el gobierno desde el punto de vista sanitario y donde cada año fallece un número considerable de menores de 5 años por hambre−, sino a asistir a migrantes venezolanos.

¿Tendrá eso que ver con el agradecimiento del Departamento de Estado por el trabajo que esa organización hizo bajo el patrocinio de EU en Siria en el sonado caso de las “armas químicas”, utilizado para justificar los bombardeos del Pentágono en ese país?

La respuesta a esa interrogante la dio el extitular de los Cascos Blancos argentinos, Gabriel Fucks, cuando dijo que la misión en la frontera colombiana, más que una acción de asistencia sanitaria, forma parte de una política de presión contra Venezuela, en sintonía con la posición subordinada del gobierno de Mauricio Macri en la OEA, quien sigue la ruta de Uribe y Santos, y ha aceptado desplegar en el territorio argentino una nueva red de bases militares estadunidenses: una en Neuquén, en el estratégico sur patagónico, cerca de la reserva gasífera de Vaca Muerta, financiada por el Comando Sur con “ayuda humanitaria” (sic), y dos en Tierra de Fuego, la de Tolhuin y la de Ushuaia.

La patota de Lima

Tras la escaramuza fallida con drones, dirigida a provocar un asesinato en masa de líderes civiles y militares en Venezuela que hubiera generado un caos social y desembocado en una guerra civil, el Comando Sur seguirá buscando generar divisiones al interior de las instituciones armadas bolivarianas, y el eventual levantamiento de alguna guarnición castrense, como la ocurrida hace unos meses en el Fuerte Paramacay, a fin de asegurar que el poder sea transferido sin demora a las “autoridades civiles legítimas, miembros de la Asamblea Nacional” presidida por Julio Borges, para lo que se estaría evaluando “liberar” una zona del país en donde instalar un “gobierno paralelo” que pueda ejercer funciones de hecho, con el respaldo de Washington, sus socios de la OTAN y la patota del Grupo de Lima.

Como señaló el 6 de agosto el editorial principal del diario La Jornada, el presidente de México, Enrique Peña Nieto y el secretario general de la OEA, Luis Almagro, guardaron inicialmente un “silencio inexplicable” ante el atentado terrorista, lo que “denota un doble rasero basado en la animadversión ideológica contra Maduro”.

Ese silencio fue roto el sábado 11 por el canciller mexicano Luis Videgaray, quien con otros ministros de Relaciones Exteriores del Grupo de Lima, exhibiendo una doble moral, en un comunicado conjunto, consideraron el hecho criminal como un simple “evento” o “incidente”, que estaría siendo utilizado por Nicolás Maduro para “manipular” a la opinión pública y “perseguir y reprimir a la disidencia política” venezolana. Desde sus redes sociales, Videgaray envió un “abrazo” a Borges y todos los miembros de la Asamblea Nacional de Venezuela, con lo que ratificó su papel de “yes-man” al servicio de la administración Trump.

Igual papel asumieron los medios hegemónicos cartelizados, reproductores de lo que Umberto Eco denominó “Ur Fascismo” −el fascismo latente en la sociedad moderna−, quienes minimizaron (incidente con drones), relativizaron (supuesto atentado) o silenciaron (censuraron) la tentativa de magnicidio y el acto de terrorismo, y cuando no, recuperando las nociones oscurantistas de siempre, lo calificaron como un “montaje”, “autoatentado” o “maniobra” para ocultar la represión, con lo cual en los hechos están validando el asesinato como práctica política tan cara a la CIA.

Por toda respuesta, durante un acto con la cúpula militar el sábado 11, el presidente Maduro abrió la posibilidad de que el FBI (Buró Federal de Investigaciones de EU) coopere en las indagaciones del caso en Caracas, si Washington acepta que también investigue los vínculos de las células terroristas con sus patrocinadores en Miami, Florida, en particular con Osmán Delgado Tabosky, quien activó a distancia la carga explosiva del dron frente a la tarima presidencial.

A diferencia de los “pájaros metálicos” Predator y Reaper fabricados por General Atomics en California y armados con misiles Hellfire producidos por Lockheed Martin, que han sido utilizados por Barack Obama y Donald Trump en operaciones de muertes selectivas en Yemen, Somalia, Pakistán, Libia y Siria, los drones DJI M600 de última generación, con un rendimiento de vuelo mejorando y una mayor capacidad de carga, son utilizados con fines industriales y profesionales de diversos rubros, incluidos, como en el caso de Caracas, militares.

El Pentágono y la CIA, instrumentos punitivos y letales del “gobierno en las sombras” de Estados Unidos −país donde cuatro presidentes fueron asesinados: Abraham Lincoln, James Garfield, William McKinley y John F. Kennedy, y ocho más sobrevivieron a intentos de magnicidios, el último Ronald Reagan 1981, han hecho del magnicidio uno de los recursos de agresión planificada, en sus intentos por imponer a sangre y fuego una nueva fase de restauración neoconservadora en Nuestra América.

Carlos Fazio en Cuba debate y en Rebelión


Motivos para el magnicidio: los acuerdos geopolíticos para esquivar las sanciones

Misión Verdad 14-08-2018 (Venezuela)

Los cambios en la geopolítica global otorgan al país opciones para realizar transacciones comerciales sin el control de EEUU vía sanciones

Han mejorado los números en exportación de recursos no petroleros, lo que indica cierta mejoría en la entrada de divisas. Esto se conecta de forma sensible con el magnicidio frustrado contra el presidente Nicolás Maduro, quien no dudó en afirmar que el atentado fue una respuesta a los planes de estabilización de la economía y las finanzas de Venezuela bajo el esfuerzo del Gobierno Bolivariano.

Según un informe difundido por el banco de inversiones Torino Capital, al cierre del primer cuatrimestre de 2018, Venezuela percibió un aumento del 200% en sus exportaciones no petroleras con relación al año pasado. La mayoría de estas provienen del oro, mineral que ha sido comercializado con Holanda, Portugal, España, Suecia, Suiza, Estados Unidos, Reino Unido, y sobre todo con Turquía.

El documento reporta que, en el reciente mes de marzo, 381 millones de dólares fueron obtenidos de la venta de minerales preciosos a este último país. Por su parte, el Instituto de Estadística turco registró que Venezuela ha exportado 20.15 toneladas de oro entre enero y mayo, lo que suma 779 millones de dólares.

Víctor Cano, ministro de Desarrollo Minero, declaró a mediados de julio que estas operaciones se deben a "un acuerdo establecido con Turquía y el banco central venezolano", con el que se estaría refinando oro en Turquía, como parte de una estrategia para protegerse de posibles confiscaciones bajo sanciones y embargos estadounidenses.

El recurso, que es comprado por el Banco Central de Venezuela a pequeños mineros que trabajan en el Arco Minero, es catalogado como "oro no refinado no estándar" que no cumple con los criterios del 99.99% de pureza. El envío a Ankara garantizaría la refinación y certificación como "oro monetario" que pueda ser utilizado para futuras operaciones financieras.

Por otro lado, las 17.6 toneladas de oro adquiridas de la minería nacional a través del BCV este año, descartaría que estén siendo agotadas las reservas nacionales de oro, ubicadas en 150 toneladas.

Recientemente, el gobierno suizo, sitio donde Venezuela realizaba la certificación de una parte del oro nacional como garantía a bancos que le otorgaban préstamos, adoptó sanciones financieras contra el país, justificadas en la ya manida narrativa de supuestas violaciones de derechos humanos por parte del presidente Nicolás Maduro y disfrazada en sanciones individuales a funcionarios públicos del Estado venezolano.

Este escenario de acoso económico occidental acompaña a la orden ejecutiva firmada en agosto del año pasado por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, que prohíbe a cualquier persona la negociación, en ese país, de bonos de deuda emitidos por instancias del Gobierno venezolano, afectando fuertemente el ingreso de divisas extranjeras.

Descomposición en las relaciones turco-estadounidenses y el vínculo con Venezuela

En este contexto se desarrollan las presentes alianzas geopolíticas que surgen con el gobierno de Erdogan para socavar las intenciones estadounidenses. Además, Venezuela aprovecha el deterioro en las relaciones que han sufrido Turquía con su socio americano.

Aunque Turquía forma parte de la Organización del Tratado Atlántico Norte (OTAN) y mantiene su candidatura para adhesionarse a la Unión Europea (UE), desde el intento de golpe de Estado ocurrido en 2016 en el que estuvo involucrada la CIA y a medida que se expande la brecha en los objetivos políticos dentro de la guerra siria, su acercamiento con las potencias euroasiáticas, especialmente con Rusia, se van consolidando.

Ankara, que rechaza categóricamente el apoyo de Estados Unidos a fuerzas kurdas en el conflicto sirio, tomando como argumento el daño a la estabilidad fronteriza de la región, ha pactado acuerdos en el área militar con Moscú que incluyen la compra de sistemas de misiles tierra-aire S-400.

Disparadas las alarmas en las oficinas de Washington, se notan los intentos tenues por solucionar los desacuerdos con Turquía, entendiendo que es un espacio estratégico por ser la "puerta de entrada" de Europa hacia los países árabes, y que, sin embargo, concluyen en la misma lógica de presión a través de sanciones que se ha aplicado contra Rusia, Irán y Venezuela, por nombrar algunos.

El más actual fue la reunión entre el secretario de Estado de Estados Unidos, Mike Pompeo, y el ministro turco de Asuntos Exteriores, Mevlut Cavusoglu, y que seguía el caso del pastor estadounidense, Andrew Brunson, juzgado en Turquía por apoyar el terrorismo a lo interno de ese país.

Instrumentos multipolares para desafiar las sanciones y la urgencia del magnicidio

Que la frágil situación diplomática con su aliado otanista ocurra paralelamente al fortalecimiento de las relaciones y acuerdos entre los gobiernos de Caracas y Ankara, preocupa a la élite burocrática estadounidense. De allí, el desprestigio mediático de los actores de siempre a las operaciones transatlánticas que estos países periféricos realizan alejados de las vías financieras tradicionales.

Ejemplo de esa cohesión bilateral fue presenciado en la toma presidencial de Recep Tayyip Erdogan, a la que Nicolás Maduro asistió, mientras que el gobierno de Trump no emitió siquiera felicitación alguna por la victoria electoral.

El viraje geopolítico de Turquía, que apunta a participar en el surgimiento de fuerzas multipolares, con el anuncio hecho por China de incluirlo en una ampliación del BRICS al BRICS Plus, está siendo capitalizado por el Estado venezolano, que ve en la construcción de estas iniciativas de cooperación inter-regional financiera una herramienta para superar las agresiones dirigidas desde Estados Unidos, que ataca a los actores que están habilitados para hacerle contrapeso político y económico a nivel global.

Pero los mecanismos financieros no son las únicas armas que tiene el enemigo para intentar neutralizarlos. Se demostró el sábado 4 de agosto con el magnicidio frustrado contra el presidente Nicolás Maduro.

(14 de agosto de 2018)

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El Libro Azul
Hugo Chávez Frías
Prólogo Nicolás Maduro Moros
República Bolivariana de Venezuela diciembre 2013

[1Cabe recordar que durante una conferencia dictada el 8 de octubre de 2014 en el Centro para la Innovación en Gobernanza Internacional (CIGI), Universidad de Waterloo, Ontario, Canadá , Lawrence (“Larry”) Wilkerson (jefe de gabinete del secretario de Estado, general Colin Powell), dijo: “¿Creen ustedes que nosotros no tuvimos nada que ver con el intento de golpe de Estado para derrocar a Hugo Chávez? Claro que tuvimos que ver; yo estuve allí".