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Entrevista de David García Arístegui
nodo 50, 19 diciembre 2016
diario16.com, 11 diciembre 2016

Isabel Benítez, feminista y sindicalista: "Todos los feminismos son de clase"

Libros: Abajo los restaurantes
El pueblo en la calle (reconversión naval)
Libros Ed. Klinamen

Miércoles 21 de diciembre de 2016, por Redacción

Entrevista a la feminista y sindicalista Isabel Benítez, coautora de un libro sobre la huelga de Panrico, la más larga en el estado español. Isabel Benítez (Monterrubio de la Serena, 1981) es licenciada en Sociología por la Universitat Autònoma de Barcelona, militante de la Coordinadora Obrera Sindical y miembro del consejo de redacción de la Directa.

En numerosas charlas y textos tuyos hablas de feminismo de clase. ¿Cuál sería su opuesto? El feminismo de, por ejemplo, Cristina Cifuentes, Inés Arrimadas o Andrea Levy también es un feminismo de clase.

Todos los feminismos son de clase [1], otra cosa es que seamos conscientes o no. Es decir, se traducen en políticas, reivindicaciones y programas de lucha concretos en los que se refleja cuáles son nuestras prioridades, si todas las mujeres o sólo algunas, por decirlo en términos sencillos. Cifuentes, Arrimadas y Levy tienen muy claro que su única meta es conquistar la igualdad de oportunidades para que selectas mujeres puedan explotar en las mismas condiciones a otras mujeres y hombres. Para el feminismo burgués, en el mejor de los casos, el derecho al aborto es una mera libertad formal. Para nosotras, es un derecho que si no lo garantizas materialmente (en la sanidad pública y gratuito) es papel mojado. Para el feminismo liberal burgués, la libertad de mercado y la libertad individual formal son la unidad de medida de la emancipación femenina. Que los salarios sean miserables, la amenaza de un desahucio o una sanidad pública colapsada no son problemáticos ni para la crianza, ni la educación ni la familia.

¿Hay que insistir, entonces, con el feminismo de clase?

Si muchas compañeras estamos hablando de “feminismo de clase” es porque nos piden con ese título las charlas, pero también en otro sentido. La pugna político-ideológica en este campo es respecto a los feminismos de los años 1990 y 2000, que pusieron las identidades (sexual, racial, orientación sexual) en el centro, desplazando temas clave como el reparto de la riqueza, y que a menudo son reactivos a incorporar la lucha de clases en su análisis, que en el mejor de los casos hacen una trinchera decididamente feminista pero que es anticapitalista en sentido abstracto. Es un feminismo interclasista que ha tenido muchísimo predicamento en la academia y que a nivel político es muy impotente y en según qué momento, incluso se desliza a la manida “guerra de sexos” en lugar de una política de clase anti-patriarcal. Es obligado reconocer que las “organizaciones de clase” han dado una respuesta aberrante a las reivindicaciones feministas desde hace décadas, ya no digamos respecto a la homosexualidad, pero es sintomático que evoquemos la lucha de las sufragistas (que pelearon por el sufragio censitario de las mujeres blancas, jamás lo olvidemos) y nadie quiera saber que las bolcheviques fueron las primeras mujeres del mundo que conquistaron el derecho al aborto público, gratuito y seguro, y el derecho al voto a principios del siglo XX, cuando hasta los años 70 las francesas no podían conducir un coche sin permiso del marido.

Eres una de las responsables de la Secretaría de Lucha Feminista de la Coordinadora Obrera Sindical ¿Es el feminismo la asignatura pendiente de todos los sindicatos?

Sí, participo en la Secretaría de Lluita feminista de la COS. Incorporar con solvencia lo que significa ser, además de trabajadora, mujer es la asignatura pendiente de todas las organizaciones rupturistas, sean políticas como sindicales. Y nosotros no somos una excepción. La participación política de las mujeres tiene un coste más alto en términos personales y vitales que para los hombres. Primero tenemos las barreras educativas que hacen de la obediencia, la complacencia y colmar las expectativas ajenas como la quintaesencia de lo femenino. Luego está el estigma de que opinar, ser vehemente y, potencialmente, tener una visión más clara de las cosas que el resto de los compañeros de trabajo, tampoco está premiado. A partir de aquí, la dinámica empresarial de la “gran familia” y de las pequeñas y medianas empresas, también introducen una dinámica paternalista y de chantaje emocional hacia las mujeres muy concreta, por no hablar del riesgo laboral añadido del acoso sexual y, también, del acoso moral al que las mujeres son más vulnerables, precisamente por esa estructura de carácter que exige de nosotras el patriarcado, según recogen los estudios de la Organización Internacional del Trabajo sobre mobbing [2]. Otro aspecto es la altísima temporalidad y el subempleo, somos las campeonas del contrato a tiempo parcial, lo cual tampoco ayuda a desarrollar acción sindical convencional. Superado todo esto, te das cuenta de que las mujeres que se sindican y son guerreras en el trabajo, son cuadros sindicales preparadas casi para cualquier batalla, agitadoras y comunicadoras de primer nivel, con una capacidad de convocatoria y de combatividad a años luz del resto.

¿Crees que las cosas han mejorado en las organizaciones respecto a hace unos años?

Pienso en Montse Castañé, de los mataderos de Vic, en las compañeras de telemárketing de Terrassa o en las mismas trabajadoras de Panrico. Al dar el paso, lo que ponen en juego es mucho más, especialmente cuando hablamos de la sobrecarga laboral que implica la presión social de llevar adelante la crianza, la logística y el mantenimiento del hogar, cuidar de familiares dependientes … Hay muchísimo trabajo que discutir y debatir al respecto y avanzamos despacio. La liberación sindical parcial, por ejemplo, debería priorizar mujeres antes que a hombres; promover activamente a mujeres a cargos de responsabilidad; ser inflexibles con la vigilancia de las actitudes y comportamientos sexistas, machistas, racistas, homófobos que puedan aparecer en nuestras asambleas y secciones. Cuando tú planteas un modelo sindical en el que es evidente que se tienen que tomar medidas compensatorias para que nosotras también seamos sujeto político todas y todos.

El libro Panrico. La vaga més larga (Ediciones de 1979, 2016) fue un encargo que os realizaron a ti y a Homera Rosetti. Hay muy pocos libros que traten temas sindicales, ¿cuál crees que es la razón?

Después de veinte años declarando la muerte de la clase trabajadora, hablar de sindicalismo parece algo pasado de moda. Existe la percepción de que es una cuestión “ya superada”, que no se puede aportar nada nuevo, que todo está dicho … El desinterés forma parte del proceso de deconstrucción de la clase obrera después de la Transición, en el sentido de proceso inverso del que hablara E.P. Thompson respecto a Inglaterra. A medida que las centrales sindicales mayoritarias adoptaron el discurso de la “empleabilidad” en lugar del de reparto de la riqueza, lo sindical se asocia a “burocracia, gestión” de lo que hay y eso ha hecho que la reflexión sobre lo que sucede en el trabajo o en el desempleo parezca un tema más propio de académicos, de abogados y de otra generación. Reforma laboral, huelga general, ERE, suma y sigue.

¿Qué trabajos hay interesantes a tu juicio sobre sindicalismo y temas laborales?

Siempre ha existido y sigue manteniéndose una tradición de monografías sobre conflictos significativos (MiniWatt, Bruguera, Laforsa, etc) y puntualmente salen pequeñas joyas como la etnografía sobre los astilleros de Cádiz [3], o los hallazgos de Klinamen con Abajo los restaurantes [4] y demás. Lo que sí que es cierto es que, más allá del ámbito académico y muy especializado, no hay mucha bibliografía que aborde, como decía la tesis de Feuerbach de Marx, aquello de estudiar la realidad para transformarla, que dé claves explicativas y de subversión desde la experiencia militante, no desde las atalayas universitarias, del estado de las cosas.

Panrico ha sido la huelga más larga de las realizadas hasta el momento. ¿En qué contexto se produce?

Es difícil trascender el titular que destaca lo cuantitativo, la duración. Sin embargo, la huelga de Panrico representó un NO con mayúsculas y una voluntad de confrontación en un momento crítico. Cuando estalla, en otoño de 2013, hacía un año y medio de la última huelga general, poco después arranca la huelga de la limpieza municipal en Madrid, en enero de 2014 aparece el “efecto Gamonal”, al poco también se inicia el conflicto de Coca-Cola en Fuenlabrada … La coyuntura sociopolítica del “0 recortes, 0 despidos” de la plantilla de Panrico era muy interesante, que este conflicto se resolviera con una victoria, aunque fuera parcial, podía dar pié a un ciclo diferente. Por otra parte, el hecho de que un hermano de Artur Mas fuera directivo de la empresa, también tenía su interés en pleno auge soberanista.

¿Qué papel jugaron las instituciones durante la huelga?

Los trabajadores relatan cómo sintieron el aparato de la Generalitat en bloque desde el primer minuto: presencia de Mossos d’Esquadra desorbitada, dilatación inexplicable de las reclamaciones que evidenciaban que se estaban distribuyendo productos de otras plantas en plena huelga … Por no hablar de que el Institut de Crèdit i Finances -público, dependiente de la Generalitat- facilitó la liquidez que la empresa no tenía para ejecutar el plan de despidos contra el que se levantaban los trabajadores … y que estaba impugnado en los tribunales. Además de estos elementos, la historia de la empresa es una mini fábula de la historia económica del Estado español donde la economía real termina devorada por fondos de inversión. Finalmente, el papel de la dirección de CCOO –sindicato mayoritario entre los huelguistas- que se comprometió a desconvocar la huelga, que recibió pagos y liberados a cambio de este compromiso …

¿Qué enseñanzas crees que hay que sacar de la huelga de Panrico?

Las enseñanzas de la huelga son diversas: decir NO tiene un valor, es una reivindicación de la dignidad básica. Los trabajadores insisten en que luchar sirve, que la lucha les dio importantes lecciones, que sintieron que tenían más poder del que creían. La huelga de Panrico desempolvó las herramientas del movimiento obrero (caja de resistencia) y también la importancia del vínculo sociopolítico del Comité de Apoyo y los grupos de apoyo locales, para socializar el conflicto y no acotarlo a una empresa. Mientras duró la huelga, no se hizo ningún ERE en el polígono donde estaba la fábrica. Los mismos trabajadores explican que la huelga les permitió darse cuenta de que lo que sucede en los tribunales también tiene que ver con la combatividad que había fuera. Los enemigos de esta asamblea de trabajadores eran muy grandes, pero la sentencia del Supremo [5] es una sentencia política para permitir la venta de la empresa. La enseñanza de la huelga de Panrico es que la lucha de clases está viva. Una trabajadora en una presentación me enseñó orgullosa una fotografía de su hijo con una pancarta para la manifestación del 25 de Noviembre y me dijo: “esto lo aprendió gracias a la huelga”.

En el prólogo de Vidal Aragonés [6] se refleja que “Una ciudad como Cornellà no es una ciudad dormitorio, sino una población obrera; un operario de artes gráficas no es un ‘precario’ sino un proletario; quien trabaja cosiendo en casa para grandes multinacionales del textiles está autoexplotada, no es una “emprendedora”. Somos clase trabajadora”. Hay una guerra conceptual y lingüística donde lo que nos jugamos es la capacidad para nombrar lo que somos y lo que queremos cambiar. Cuando Vidal describe Cornellà, está tomando partido, porque decir “somos clase trabajadora” es también enunciar la posibilidad de luchar por un destino común. El concepto “precariado” es un ejercicio de distinción muy extendido entre los que se creyeron que por tener estudios superiores eran mejores que los que curraban desde los 16 años. “No soy trabajadora, soy freelancer”. Cuando se ven trabajando por cuatro duros y sin cobertura, entonces es que “soy precaria”. No me hables de “acción colectiva” porque lo mío es diferente, yo tengo vocación y tengo estudios. También es producto de la derrota política de los años ochenta, aquello del fin de la historia y el anticomunismo banal.

En esta situación podemos utilizar el lenguaje propagandístico liberal -hueco, genérico- o recuperar la política de la verdad. No es fácil, requiere pedagogía -que no hay que confundir con la condescendencia-, y es verdad que en la era del titular rápido a veces es necesario tener precauciones lingüísticas para evitar equívocos. No soy fetichista de las palabras, pero nombrar lo que somos y lo que queremos cambiar también tiene que ver con cómo vemos el mundo y lo describimos … pero si esas palabras no se entienden, entonces no me sirven. Cada gesto encierra un gesto de clase y la práctica educa en el ejemplo. Pero si renegamos de hablar de clases sociales y luego el significante que elija (ciudadano, p.e.) lo relleno de ambigüedades y de consignas contradictorias, no estoy llevando a la gente a mi terreno, sino que al final, acabo hablando el mismo idioma que el PSOE, desoriento, desarmo políticamente a la gente a la que quería dirigirme.

¿Se vuelve a hablar por fin de clase trabajadora en los medios de comunicación? Se produce justo en el momento en el que irrumpe una nueva política totalmente desconectada de los sindicatos y hegemonizada por cuadros de clase media. ¿Cómo lo valoras?

Hablar claro es un deporte que a las clases medias e, históricamente, a la pequeña burguesía, siempre le ha resultado complicado. Viven atrapadas entre el quiero y no puedo, en estrategias familiares y personales de despegue social y profesional, ser claros es arriesgado y la ambigüedad calculada da un margen de maniobra clave. Si algo nos ha enseñado la historia del movimiento obrero, que tiene siglos de experiencia, es que en la lucha de clases no hay atajos. Si tú quieres cambiar el mundo desde la base hay que hablar con claridad a quienes quieres convencer y facilitar su expresión. La ultraderecha cuando se dirige a la clase obrera habla claro, el partido nazi recicló las formas organizativas del movimiento obrero alemán de entreguerras … Trump habla de clase obrera pero también Bruce Springsteen hace ostentanción de una estética obrerista. Para mí la garantía transformadora de un proyecto político reside en su implantación y en su práctica cotidiana, no en la política propagandística y de gestos genéricos de cara a la galería. Si buscas el voto de Amancio Ortega y de una dependienta de Zara, a uno de los dos lo estás engañando.

Si conquistas una alcaldía hablando de la “gente” y eres capaz de movilizar “a la gente” para que expulse a los agentes inmobiliarios y “gentrificadores” de los barrios, ahí estaré viendo tu potencial rupturista. Si por el contrario, hablas de la “clase trabajadora” y luego, para mantenerte en la alcaldía, desmovilizas a esos mismos o, cuando intentan hacer algo, les dices “mira, es que no tenemos tanto poder como creíamos, hacemos lo que podemos” tu política era vieja antes de nacer. En la medida en que los cargos electos estén al servicio de la organización popular de la resistencia ante la que está cayendo, estaremos haciendo nueva política. Y estar al servicio de las luchas no es, únicamente, visitar un campamento de trabajadores en huelga o enviarles un comunicado -que eso está bien y es necesario- es poner toda la maquinaria logística, propagandística y recursos que te ofrece el parlamentarismo burgués para “armar a tú ejército”.

¿Cómo valoras luchas como la de las subcontratas de la Resistencia Movistar, las Kellys en el sector de limpieza, Sindicato de Manteros, Sindicato de Músicos etc? ¿Crees que son fenómenos que están relacionados, se está transitando hacia un “nuevo sindicalismo”?

Es el síntoma de que el sindicalismo mayoritario ha abandonado a su suerte a la clase trabajadora que, hace 25 años estaba en los maŕgenes, y que ahora es la fotografía mayoritaria. Y en los que quedan en el núcleo duro, básicamente les está ofreciendo una mejor indemnización. Quienes se llevan la peor receta del mercado de trabajo son las mujeres, las personas inmigradas, la gente joven, si a eso le sumas la subcontratación (pública y privada) ya tienes tienes todas las papeletas para que el sindicato realmente existente sea una cosa entre exótica y que no te dice nada, como en el caso de los manteros.

Decía Antonio García, uno de los huelguistas de Panrico, que donde CCOO y UGT no tienen el control de la situación es donde nacen las flores de las revueltas. Estas personas, cuando saltan, desbordan el sindicalismo de concertacion, no tienen ese vínculo de confianza que les permita sembrar el miedo en las asambleas, traficar con información privilegiada, anticiparse a los movimientos. Esta gente hace nuevo sindicalismo en el sentido de que ensayan nuevas fórmulas, son cautas pero saben lo que quieren y también tienen muy claro que lo quieren decidir ellas por sí mismas. Es un modelo muy diferente al de las elecciones sindicales y las charlas informativas unidireccionales, los pactos arriba y la ausencia de asambleas. La histeria que tiene CCOO con fenómenos como las Kellys es también sintomática, un colectivo de mujeres que organizándose en una condiciones muy difíciles, se ven obligadas a tener que explicar que no son de CCOO porque continuamente las suplantan o las utilizan. Las Kellys no existirían si el sindicalismo mayoritario hubiera plantado batalla contra la externalización hotelera desde hace veinte años.

PANRICO PANPOBRE, El Documental

(Publicado 03-05-2015) Seguiment de la vaga de vuit mesos de les treballadores i els treballadors de Panrico Santa Perpètua de Mogoda, la més llarga a l’Estat des de la transició. (Aquest documental es va estrenar el 18 d’octubre de 2014).

Documentos anexos

- Panrico La Vaga Més Llarga, Prólogo de Vidal Aragonés, 31-10-2016 (Mientras Tanto)

- La Audiencia Nacional obliga a Panrico a no ejecutar los 156 despidos previstos en 2015 y 2016, Poder Judicial, Sala de lo Social de la Audiencia Nacional, 19-05-2014

- Editorial Klinamen: Descarga de Libros

PDF - 13.5 MB
abajo los restaurantes
klinamen
2ª ed junio 2013
PDF - 2 MB
el pueblo en la calle
david florido
josé luis gutiérrez
beltrán roca
centro de estudios andaluces
sevilla 2009
PDF - 63.5 KB
editorial klinamen
descarga de libros

(21 de diciembre de 2016)


[1- Todos los feminismos son de clase, David García Arístegui, nodo 50, 19-12-2016 (diario 16, 11-12-2016)

[4- Abajo los restaurantes. Una crítica obrera del sector de la hostelería

Abajo los restaurantes es, en primer lugar, una crítica al trabajo asalariado en el sector de la hostelería desde el punto de vista de alguien que ha trabajado en dicho sector. En este sentido, es el relato de una experiencia muy cercana. No sólo porque, a pesar de algunas diferencias, casi todos los trabajos son tremendamente similares de una u otra forma, sino porque, además, la mayoría de nosotros hemos trabajado alguna vez, o seguimos trabajando, como camareros o en otros curros relacionados con la hostelería. Pero Abajo los restaurantes es mucho más porque, ante todo, es una crítica global y radical del capitalismo tal y como se presenta en la hostelería. Sin abandonar nunca el ruidoso y estresante ambiente del típico bar o restaurante, seremos testigos de la formación de la clase obrera, del proceso de producción transformado en mero instrumento de la producción de beneficio para el empresario, y de cómo este mismo proceso fomenta las divisiones y las luchas entre los trabajadores. Pero, lo que es más importante, sentiremos cómo, a pesar de todo, el simple hecho de trabajar juntos puede promover la creación de complicidades y luchas en y contra el trabajo, y que las bromas en el curro pueden ser el primer paso hacia la unión y la solidaridad.

Al fin y al cabo, la lucha de los trabajadores de los restaurantes sólo tiene sentido si se transforma en una lucha por un mundo sin trabajadores ni restaurantes.

Datos técnicos: Género: Cómic

[6Isabel Benítez y Homera Rosetti

Panrico. La vaga més llarga

Edicions del 1979, Barcelona, 2016

Prólogo

* * *

Ja no ens alimenten molles,


ja volem el pa sencer.


Vostra raó es va desfent,

la nostra força creixent.

Ovidi Montllor, 
“Tot explota pel cap o per la pota

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panrico
la vaga més llarga

Entre el inicio de la lucha de Laforsa y el final de los efectos de la lucha de Panrico pasan cuarenta años. La primera se sitúa en el momento de máxima expresión de la lucha obrera; la segunda en la finalización de una etapa de reflujo. La primera, en el inicio del fin del franquismo; la segunda, en la ruptura con el bipartidismo clásico. La primera, en el momento de máximas conquista de derechos laborales y la segunda, acabadas de aprobar las más duras contrarreformas laborales. La primera, la protagoniza una clase obrera homogénea; la segunda, una clase obrera atomizada. Estas son las grandes diferencias entre las dos huelgas más largas de la historia del país en toda una empresa y en un centro de trabajo.

Aunque el contexto político, social y sindical eran bastante diferentes hace cuarenta años podemos encontrar más coincidencias de las que imaginaríamos: “O todos o ninguno”, es decir, una visión clara de no sacrificar a nadie para ver si puede continuar el resto, sino que todos luchamos cuando ataquen a uno; respuesta contundente a través de la huelga indefinida; acción combinada entre la representación legal (unitaria) y el método asambleario; red de apoyo externa con la izquierda combativa; cajas de resistencia; agitación y propaganda más allá de los centros de trabajo. En definitiva, utilización de los métodos clásicos del movimiento obrero en los conflictos laborales. Es fundamental analizar algunas de las cuestiones que determinan el diferente contexto entre ambas luchas. Esencialmente, podríamos hablar de conciencia política, conciencia de clase y composición de la clase trabajadora.

Difícilmente se puede encontrar otro momento en la historia del país con la clase trabajadora tan politizada como en 1975, cuando se tenía la visión de que la acción política podía cambiar la realidad material. En la actualidad vivimos en uno de esos momentos extraños de la historia en la que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y cuando lo nuevo no acaba de nacer”, que decía Bertolt Brecht; sin querer que se convierta conclusión gramsciana: “El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer. Y en estos claroscuros surgen los monstruos”. Si bien existe una gran radicalización en algunos sectores de la sociedad (fundamentalmente entre la pequeña burguesía y la juventud), la situación de la clase trabajadora es más compleja. Se ha producido un giro a la izquierda que ha roto con una hegemonía de la socialdemocracia durante más de treinta años, pero esto no ha significado una participación masiva del conjunto de la clase trabajadora. Seguramente en la conciencia y opción política se impone aún querer volver al modelo económico y social de las últimas décadas y no romper con el régimen y el proceso político que lo generó.

De hecho, esta visión sobre la posibilidad de volver a la realidad del posfranquismo y el felipismo está alimentada en buena medida por una falta de identificación de clase. Más allá de su efecto, deberíamos identificar las causas de este desarraigo clasista: el ascensor vivido por toda una generación, que si bien no supone en general cambiar de clase, sí se transforma en una mejora de las condiciones materiales de vida nunca conocidas antes. Asimismo, debemos tener en cuenta también la renuncia de buena parte de la izquierda histórica y de las direcciones de los sindicatos mayoritarios. No favorece la conciencia de clase que desde las organizaciones progresistas se contribuya a la confusión usando términos alternativos a “clase trabajadora”, tales como “precariado”, “clase media empobrecida”, “extrarradio”, “ciudadanos” ... Es muy fácil de entenderlo: una ciudad como Cornellà no es una ciudad dormitorio sino una población obrera; un operario de artes gráficas no es “precariado” sino proletariado; quien trabaja cosiendo en casa para grandes multinacionales del textil es autoexplotada, no emprendedora. Somos clase trabajadora.

Evidentemente, la atomización actual de la clase trabajadora dificulta su participación en las movilizaciones. Trabajadores y trabajadoras convertidos en autopatronos como falsos autónomos, contratos administrativos, falsos becarios, trabajadores y trabajadoras inmigrantes excluidos del permiso de trabajo, interinos, temporales ... Y todo esto en una realidad en la que el contrato temporal es hegemónico y la contratación indefinida no genera ninguna seguridad fruto de la existencia del despido libre y de bajo coste. Las limitaciones actuales a la hora de luchar tienen su origen también (y en gran medida) en la renuncia de algunas direcciones sindicales. De esto sobre todo habla este libro: de la clase trabajadora, de sus métodos de lucha, de las renuncias de las direcciones de los sindicatos mayoritarios.

Para entender por qué las páginas siguientes hablan de luchas combativas y renuncias sindicales desde una perspectiva de clase, hay que analizar a sus autoras, Isabel Benítez y Homera Rosetti. Ambas mujeres proceden del periodismo. De lo que hace de su profesión compromiso político, de lo que hace acción política con el periodismo comprometido. Ambas hace años que dan apoyo activo a buena parte de las grandes luchas laborales de este país. Es difícil no encontrarlas en las manifestaciones o grupos de apoyo de los sectores más combativos del sindicalismo. En este libro también expresan en buena medida sus modos de hacer: compromiso revolucionario, el rigor en el análisis, la falta de sectarismo, la visión materialista y el posicionamiento de clase. No sé por qué tengo la sensación de que no será la última obra que escribirán juntas. Su humildad y su sinceridad lleva las autoras a definir el texto como “una historia parcial, apasionada y contada desde abajo”. Le tenemos que agradecer, tanto a las autoras como a la editorial, el interés de hablar de la clase trabajadora de una manera protagónica en un momento en que la ideología dominante la sitúa en una posición subalterna, como un sujeto bufonesco o en un imaginario estereotipado por el consumo y la cultura de masas.

La obra comienza con una contextualización del conflicto en el momento económico y social y un análisis profundo de la realidad de los sindicatos mayoritarios. Nos cuentan cómo la dirección de la empresa se adapta a regímenes políticos y tendencias económicas: del colaboracionismo con el franquismo a dar cabida a un hermano de Artur Mas, pasando por la falsa modernidad del felipismo; del desarrollismo franquista en la economía especulativa del siglo XXI. El texto no se construye únicamente de una manera lineal o a partir de la construcción del antagonismo, sino que se transforma en una hoja de ruta sobre los métodos tradicionales del movimiento obrero en las grandes luchas: sindicalismo combativo como chispa, huelga general, asamblea, traición de la burocracia, caja de resistencia, autoorganización, extensión del conflicto ..., y sobre todo el Comité de Apoyo. Su existencia suple en buena parte la pérdida de tradiciones en el movimiento obrero con el hilo rojo de las luchas que nunca perdieron las organizaciones políticas revolucionarias.

La jurisdicción social aparece casi siempre en el conflicto laboral. A veces es utilizada para evitarlo; en otros es la última barricada de lucha. Hay que entender que la legislación laboral es la expresión de la correlación de fuerzas de cada momento cosificado como ley. Las grandes conquistas normativas no son un regalo del Parlamento ni están relacionadas con el crecimiento económico; son, normalmente, expresión de cómo las luchas y movilizaciones determinan la letra de lo que luego las instituciones burguesas concretarán en forma de ley. En nuestro país, la huelga de la Canadiense o las grandes movilizaciones de los años setenta determinaron las más importantes conquistas laborales. En cuanto a los tribunales, hacen un ejercicio interpretativo de la ley, ahora bien, debemos tener claro que en los grandes conflictos laborales las sentencias las hacen magistrados y magistradas pero su ejecución se hará efectiva gracias a la lucha y conciencia de los que luchan. El mejor ejemplo de esto último puede ser el conflicto de Coca-Cola en Fuenlabrada: rápidamente se puede encontrar la diferencia que hay entre una lucha en que las direcciones sindicales no se oponen a la voluntad de los trabajadores y otra en que hacen de tapón.

La dirección que toma el movimiento sindical es la cuestión fundamental a la hora de conseguir derrotas y victorias en las luchas laborales. En este libro se hace un relato comparativo de luchas en que la dirección se ve obligada a luchar (en el que tiene poco margen para frenar movilizaciones), en la que se opone pero no lo consigue totalmente y en la que actúa directamente contra los trabajadores que quieren luchar. La última es la realidad actual de la dirección de los sindicatos mayoritarios. El sindicalismo de la concertación ha jugado un papel determinado en las últimas dos décadas, en el que el eje de la negociación ha sido desregular a cambio de ligeros incrementos retributivos. Esto ha funcionado parcialmente coincidiendo con una etapa de crecimiento económico y, en general, bajos niveles de desempleo. La actual etapa se caracteriza por altos niveles de desempleo y precarización. Mientras que el Estado y la patronal han roto el Pacto Social, las direcciones sindicales mayoritarias mantienen un inútil compromiso de concertación. No tiene sentido cumplir un pacto cuando la otra parte la ha roto.

Más allá del papel de renuncia de las direcciones de los sindicatos mayoritarios, también hay que analizar por qué puede haber derrotas cuando tenemos direcciones combativas. Correlación de fuerzas y construcción de un bloque que vaya más allá de los trabajadores directamente afectados es una cuestión de mínimos. En el otro extremo resulta también necesario combatir la argumentación de que la lucha no sirve, ya que es falsa y miedosa. No luchar es una derrota por sí misma, por lo que la movilización consciente y participativa es la única alternativa que tiene el movimiento obrero.

En muchas ocasiones la literatura sobre las luchas del movimiento sindical muestra a sus protagonistas como robots más que como personas de carne y hueso. No es el caso de este trabajo: las autoras nos muestran una gran huelga que se vive con mucha intensidad emocional y humana y en la que encontramos personas valientes que sufren, gozan, tienen miedo y son superadas por la incertidumbre.

Se cumple casualmente el veinte aniversario de la huelga de los estibadores de Liverpool: salieron a defender a sus compañeros, no dejaron la huelga y siguieron en el piquete. Recibieron la solidaridad internacional, que no fue suficiente, sin embargo, ante la actitud de las direcciones sindicales de fuera del puerto que los dejaron solos. Aquello fue una derrota, una gran derrota, pero que ha sido fundamento de muchas pequeñas victorias que llegan hasta hoy: un sindicato mundial, un local social en Liverpool y la eterna dignidad de quien protagonizó la lucha. Ni en la huelga de Liverpool ni en la de Panrico se quiso renunciar a nada y se recibió el apoyo y el acompañamiento de quien defiende nuestros intereses de clase. El conflicto surge cuando los ricos nos quieren quitar el pan. Y el mismo año de la lucha de Liverpool murió Ovidi, aquel que nos cantó en “Tot explota pel cap o per la pota” que “ja no ens alimenten molles, ja volem el pa sencer” (“ya no nos alimentan migajas, queremos el pan entero”). Ésta es la resistencia ideológica de aquellos y aquellas que, sin renuncias, han mantenido viva la llama del internacionalismo y la lucha de clases. De las cenizas siempre se puede esperar una chispa y será en las pequeñas hogueras donde quemaremos el egoísmo, el individualismo, la competencia y la explotación ... y construiremos un mundo nuevo donde los hombres y las mujeres sean los únicos dueños de sus destinos.

Cornellà de Llobregat, septiembre de 2015

Vidal Aragonés

31/10/2016

8 al dia amb Josep Cuní

Panrico: la vaga més llarga

La vaga de Panrico compleix avui 100 dies, és la més llarga de la història de la democràcia a Catalunya i la més dura d’aquesta crisi. La situació és límit, tant per a treballadors, que fa 3 mesos que aguanten la vaga, com per a la mateixa empresa, que assegura que, si no s’acaba, la planta serà pràcticament impossible que la planta pugui sobreviure. Equip de reporters ha conviscut aquests últims dies amb els treballadors en vaga per viure el conflicte des de dins, i n’ha parlat amb els responsables.

Ernest Cauhé

19/01/2014. Última actualizació: 4/09/2014

8 al dia amb Josep Cuní

Els treballadors de Panrico valoren la sentència de l’Audiència Nacional

L’Audiència Nacional estima parcialment la demanda de CCOO contra l’ERO. Declara injustificats els 156 acomiadaments fixats pels pròxims anys. Què passarà ara amb la vaga indefinida dels treballadors? Pol Marsà ens ho explica des de Santa Perpètua de Mogoda.

Pol Marsà

19/05/2014. Última actualizació: 20/10/2016